
sabía que todo se iría al carajo cuando entrara. lo sabía porque estaba su húmeda chamarra colgada afuerita, secándose, y porque su olor invadía el ambiente. como zoológico con viejito con marihuana quemada. y por si no fuera poco se escuchaba su regué lento, con ritmo de una lluvia suave, saliendo a bajo volumen por las bocinas de mi estéreo. escurriéndose por el pequeño hueco que queda entre la puerta y el piso sucio, el bajo y el órgano y la voz del príncipe jazzbo llegan a mis oídos y me hacen pensar en que todo se irá al carajo, pero es preferible entrar a mi cuarto a regresar mis pasos.
así que me acerco y busco mis llaves y siento la lluvia escurrir de mi ropa, ésa es una de las razones por las que no quiero regresar mis pasos. otra es que realmente no veo porqué no todo se deba ir al carajo una vez más. en la calle está lloviendo y no tengo muchos lugares a donde ir a estas horas de la madrugada. ni aunque fuera más temprano tendría a dónde ir, de todos modos. para qué seguir caminando en calles al azar, sin reconocer nada porque el piso mojado siempre es igual por estos rumbos y no pienso dejar de ver el piso y los charcos. que todo se vaya, pues, a donde se deba ir…
y sus ojos estaban puestos en la puerta, esperándome tan rojos. aquí también se siente humedad, pero no es la misma de la calle. es tibia y prendió una vela de canela que tal vez sería mejor cambiar de lugar. sonríe y yo también le sonrío y el regué se escucha más claro y doy un largo suspiro porque he llegado a casa, porque me esperaba con toda su cabellera tendida en mi colchón, con todo su cuerpo tendido en mi colchón y eso está bien, me hace sentir bien. es bellísimo irse al carajo de esta manera. con este regué y este olor penetrante que jamás encontraré en ninguna otra persona y esta persona que no sólo no encontraré en ninguna otra parte, sino que hasta aquí me cuesta trabajo encontrar. que huele tan peculiar y que me manda al carajo de tan bella manera, con un petardo consumiéndose en sus manos.
mañana despertaré y seguirá a mi lado, con su cuerpo pegado al mío, con sudor y calor entre nosotros y entonces será otro olor. el mismo, pero ahora sumándole un olor a hueva tibia. a que mejor sigo dormido o descansando a su lado. y en vez de salir a la vida y aprovechar mi última oportunidad de no irme al carajo, me le encimo o me pongo debajo de su cuerpo o me acerco muchísimo a su cara y me drogo un poco con el dióxido de carbono que expulsa de la boca, tan despacio como la música que hacen al suicidarse las últimas tercas gotas de lluvia en el marco de mi ventana, sabiendo que no pudieron inundar al mundo y acabarlo de una vez por todas, que han perdido la guerra una vez más. como yo, que la pierdo por estar a su lado, por seguir dormidos juntos hasta que ya no haya otra que despertar y volver a coger y volver a descansar y besarnos y platicar hasta que tengamos mucha hambre y veamos que no hay comida en mi casa y claro que ninguno de los tiene un clavo, menos porque seguro a mí me corren del trabajo por estar todavía en mi cuarto, así que sin nada qué comer, se vestirá con un poco de hastío porque ahora tendrá que salir a buscar comida y yo por mi parte también tendré que hacer lo mismo. y pasa muchísimo tiempo y yo sobreviviré ese muchísimo tiempo sin trabajo y en el intermedio tal vez ya no pueda pagar este cuarto y entonces vuelva a la calle y seguiré sin verte y así será todavía más difícil malabarear la supervivencia, porque nadie quiere a los vagabundos y comeré muy mal y me enfermaré sin nadie que me cuide y otra vez me golpearán e ignorarán y por muchísimo tiempo volveré a la soledad que se siente en el estómago de las ciudades. una vez más, todo se irá al carajo. pero lo valdrá.
todo ese desprendimiento y caída valen este momento, porque se comienza a desnudar al ritmo de la música que más le gusta y también me desnuda y nos besamos largamente con toda la libídine del mundo puesta en nuestras bocas, y nos acariciamos lentísimo.