la rama sigue, como rama, casi del mismo tamaño. pero ya han aparecido varias hojillas. creo que ya pronto no podré contarlas. ahorita tuve que repetir el proceso, porque unas cuantas se escabullen del conteo y luego uno tiene que usar su criterio para decidir si son una sola o varias hojas juntas. la más grande está mordida por algún tipo de insecto, supongo. todas son verdes y rojizas y la mayoría apenas brota del centro de la pequeña rama.
anforismo: pequeños trazos de la filosofía de un borracho.
dicen por ahí que hay insectos que pueden llegar a vivir hasta un año sin cabeza. tal vez sí sea cierto que nosotros los humanos la tenemos sobrevaluada.
hablando de triángulos equiláteros, me caga que nunca sé hacia cuál de sus vértices me está señalando que volteé. uno perdería el rumbo con tanta simetría.
me desperté con un cuerpo de plomo que me adhería a la cama. hasta respirar era difícil y pasaron mucho minutos antes de que pudiera moverme. los usuales ruidos de mi cuarto también estaban recién despiertos, y todos modorros nos levantamos y decidimos que las doce y media era un buen momento del día para empezar.
preferí levantarme con tiento, despacio. quitar mis cobijas sin hacer ruido, pues la luz rondaba mi ventana con hambre de invadirme, como un buen lobo.
ya son cuatro las hojas de la rama más alta del cercenado árbol de pitaya de celaya.
dos grandes y dos pequeñas que apenas se definien como tal. uno sin paciencia podría pensar que es un tronquito verde, pero no, sólo están muy enrolladas.