y qué nos va a pasar cuando llegues a mis océanos y veas el agua roja por primera vez;
cuando tus pies toquen mi playa
y en vez de arena, todos mis vidrios filosos laceren tus plantas.
qué va a suceder cuando surque tus mares y flamingos me sigan todo el camino,
volando espirales graznido,
deshaciéndose nubes rosas.
y si llegas a la isla de mi piélago más oculto
y me encuentras en el centro,
enlodado, echo bola, temblando,
entonces qué nos va a pasar.
lo inevitable:
mis millones de ojos, tus manglares, todas las plagas que traes contigo, nuestros países colonizándose mutuamente, lentos, inclementes; tú y yo, dosificándonos con el vaho feromónico y ancestral de nuestras montañas más nevadas, intercambiando ciencias ocultas y entógenos ancestrales; la delta del río de luz y el viento de las nueve de la mañana; y nuestro aliento como el sol adormilado detrás de las nubes bajas, junto a muertecita complaciente, que canta hechizos de cuna; el estertor de nuestras aves anudando cielos, de cometas trayendo historias lejanas.
nos navegaremos hasta que alguno de los dos sea fragata
y comience la nueva música, traída por algún viento
y de entre las olas salgan sus compases,
un ritmo que vaya alargando la marea alta
hasta que todos los poros de nuestra playa queden empapados.
cientos y cientos de años después,
al bailar sobre la lama verde de entre los vidrios filosos que alguna vez fui,
nos heriremos sin lastimarnos,
como al mordernos la carne y rasguñarnos los huesos,
como un clarinete tocando lo más bajo
con una vibración de cocodrilo viejo.
por fin podremos descansar un rato,
entrepiernadas,
en un cuchareo primigenio
nuestras manos bestias arrastrándose a la orilla,
mordiendo la arena mojada,
secándose al sol
buscando huevos frescos de otras criaturas.
y poco después, los días feriados, los autos voladores,
la lenta espera de una llamada que no llega,
el fin de la muerte; las placas tectónicas, los cachorros, la explosión demográfica de todas las especies que creíamos extintas pero sólo hibernaban cerquita de nuestro culo.
y los volcanes deshaciéndonos otros,
los tigres del tiempo besando con amor todo a su paso.
el fuego,
las tardes electromagnéticas.
la antropología de nuestra risa,
el gusto absurdo de cantarnos historias sin sentido.
no sé,
después ya no sé qué nos va a pasar.

