pum, sin pensarlo. entró con el tino increíble del que escapa para siempre y, como si nada, como si realmente viniera a eso, me dijo, a rape, por favor, y caminó hacia mí con su portafolio siempre abrazado.lo senté en el único sillón que tengo y le puse la bata. en ese momento pasaron dos policías corriendo, uno de cada lado de la calle y como perdidos y me pidió que con máquina tres, para no quedar tan pelón, sonrisas espejo y forzadas. también rasurado, por favor.
la verdad era un hombre más bien calvo y con el pelo de por sí corto, así que mi intervención en su cabeza fue casi un trámite. el problema fue en la rasurada. tenía una piel cacariza y unas cicatrices abiertas con piel húmeda y pus. los vellos estaban extrañamente enterrados en ese pequeño estanque de putrefacción facial.
como pude esparcí la crema blanca sobre su rostro después de tres minutos de toalla caliente, que le coloqué justo cuando pasaban de regreso los policías y entraban a mi barbería y nos preguntaban si habíamos visto a un sujeto con un portafolio y los dos respondíamos que no y nos decían que tuviéramos cuidado, que todavía no sabían nada de su paradero y le respondía con una sonrisa de entendimiento y se iban con ojos que piensan y se pierden y tal vez se quedaron con las ganas de verle la cara a mi distinguido cliente.
y se fueron y le quité la toalla y supe que si no comenzaba a actuar rápido, me habría dado las gracias y hasta una pequeña recompensa, porque ya me estaba viendo desde la espuma con esa mirada de amoroso compadrazgo. y si la cosa se ponía fraternal, me hubiera costado mucho más, así que mejor me adelanté a cualquier camaradería y como quien está acomodándose para reasurar, corté su cuello de un tajo y rápido lo tapé con la toalla y con la bata y limpié con un trapeador fugaz el piso y el espejo que se mancharon de sangre, después de haber puesto el cuerpo en el baño.
y qué coraje y qué risa me dio descubrir que el imbécil que acababa de matar no era el ladrón, sino un pelele vendedor de seguros con un portafolio lleno de puras pinches deudas y folletos.