
tocaron la puerta.
resignada, y ayudada por un suspiro largo, fui a ver quién era. claro que en la calle no hubo nadie.
eso lo sabía desde antes. igual que lo supe ayer y antier y todos los días que han seguido después de aquella tarde en que tocaron la puerta de la entrada (justo a esta hora en que la luz no viene de ninguna parte en específico) y me asomé por la ventana a la calle y todo se veía como gastado, como gris, como estática viajando sobre el viento y no había nadie. no había ni nubes, creo.
no ha habido ni nubes ni coches, ni siquiera ruido, desde que tocan la puerta y me paro cansada de la mecedora y me voy a asomar y no hay nadie.