y justo por estarlo viendo a los ojos, por estar tratando de leer sus gestos, su mirada de cobra de dos cabezas, no me di cuenta de cuando su mano saco la pequenha maravilla del florero que la guardaba.
y fue una sorpresa, verla de tan cerca. lo que cuando llegue parecia ser un reflejo, una refraccion de luz dibujando una flor en la pared, ahora se doblaba un poco en la mano del turco frente a mi, con volumen, con petalos brillantes, fragil y moviendose por el escaso viento.
la agarre con dos dedos, suavamente, estaba un poco tibia, el turco sonreia, la sonrisa del que sabe que tiene la razon y espera el debido reconocimiento. la boca discretamente alargada del que sabe que ha ganado algo y solo tiene que sentarse a esperar su premio. y ella, tan fragil como solo puede ser una flor hecha de luz.
tenia un tallo largo y sin hojas. me acerque al techo de tela de su tienda, para conseguir mas sombra: imposible contar los petalos, entre cuatro y cinco, tal vez, pero eran como el agua reflejada en la pared, y jugaban con mis sentidos y me mareaba de intentar estudiarla; me acerque a olerla, pero solo desprendia una sensacion de tibieza.
ahora levante la mirada y con la flor en la mano y la sonrisa del que ha cambiado su vida para siempre, le pregunte cuanto queria por la flor. respirado un poco agitado, sin poder todavia creer este descubrimiento. mis ojos viendo directo a los del turco. era el fenomeno mas asombroso de toda la historia. la luz atrapada en la delicada forma de una flor. un campo electromagnetico suave que sin necesidad de ser capturado, se quedaba actuando a ser flor. trillones de corpusculos de luz detenidos en el espacio.
su sonrisa se amplio mas, me mostro sus dientes e inclino un poco la cabeza hacia adelante, sin dejar de verme. imbecil, en primera esa no es una flor, en segunda, dijo quitandola de mis manos, pero tan feliz, tan amable con esa cara terrosa, solo el florero esta a la venta.