pero ninguno de los dos se enteró jamás. incrédulos, lo vieron desde muy cerca, a unos siete u ocho metros, y se maravillaron de cómo la luz, los ojos, el cansancio. de cómo hasta el limo en unas zonas.
se maravillaron con la poca energía que les quedaba.
se maravillaron y maravillarse fue lo último que pudieron hacer, lo que los terminó de agotar. y se sentaron a descansar todavía un poco más cerca, a cuatro, cinco metros. y poco a poco el sopor del atardecer los fue durmiendo. para la noche ya ni siquiera sintieron el viento helado que volaba desde el espacio exterior, sin obstáculos. creo que alguno alcanzó a soñar que ese espejismo era agua de verdad, y bebían, y llenaban sus cantimploras, y se reían muchísimo de su suerte.
fotografía: pentrexyl