jaula de klein


a mí, sólo dos veces me han tenido que matar. como dicen, la segunda muerte vale para pura verga. pero la primera.
iba yo a cazar cazadores, al desierto de san luis. mi mujer me dijo cuando arreglaba mis cosas,
¿pero qué no te das cuenta de que aquellos cazadores a los que cazas, a su vez están cazando cazadores?
la ventana abierta aleteaba una brisita que me hacía pátina el sudor de la cara. entre que me perdí en su trabalerinto y entre que la vi sonreírme de ojos a cuello,  ya no pude andarme tranquilo. una sonrisa como si estuviera yo en aquellas jaulas de alambre junto a los halcones, las cascabeles, las iguanas, los búhos, los migrantes, los coyotes, los tepezcuincles. la verdad es que aquí todos estamos jodidos, todos en jaulas oxidadas que se contienen una a otra, seguros de que la llave a nuestra cárcel se esconde en las vísceras del de al lado. me quedé pensando en eso el resto de la tarde. desde el beso calor que me despidió en la puerta, hasta la última sangre que me vaciaron del cuerpo.