Gatizne



1

las últimas semanas no he estado con mi gatita, hoy la anduve extrañando. maldita gatita negra hermosa. cuando nos encontramos por la vida es como cuando de niño iba a jojutla y justo al cruzar los hules a la entrada de cuernavaca me valía madres el aire acondicionado y los boleros de manuel y bajaba todita mi ventana.
acaricio y magullo su pellejo suave y se me unta, tibia, y es como el vendaval que se le untaba a todo el coche y a mi hermano y a mis papás que me regañaban por bajar la ventana y yo me hacía wey, o no escuchaba por tener la cabeza afuera, siendo azotado por abukets de aire caliente.
y las llantas ronroneaban el asfalto a toda velocidad, porque en esa época, por cuernavaca no había tráfico. luego no me aguanto más y comienzo a pellizcarle su pellejo, pero con la boca, o sea, la muerdo-babeo y gruño, y se espanta y se me trata de escapar, pero jamás podrá, pues la abrazo todita al mismo tiempo que se me ocurre aventarla al cielo, pues me imagino que sentirá como cuando yo sacaba todo el brazo con la mano como nave espacial y pasábamos una curva y la nave tenía que maniobrar para no chocar contra el muro de contención.

2

antes de ser gata, era tizne. salió de la chimenea más vieja del ingenio de zacatepec, una tarde de zafra. en vez de quedarse por los alrededores, o de caer sobre las calles de algún pueblo, tizne aprovechó una corriente y planeó durante meses. vio los arrozales, los cuerpos sin cabeza, los cerros verdes y azules y grises de morelos; a policías asesinos o asesinados y balnearios repletos de gente.
y aquí ya me pierdo un poco. no sé si se aburrió o le dio frío o por andar viendo tanto cerro le empezaron a salir dos ojos verdes como el musgo y le estorbaban para flotar. el caso es que pasando tres marías, comenzó a bajar. sin saber a dónde ni por qué. siguió bajando, muy aliviada de no saber a dónde ni por qué, hasta que aterrizó en el mercado de plantas de xochimilco. flotó despacio, al compás de las flores que apenas iban abriendo, y fue a dar al vientre de una gata que, sin cuestionarlo siquiera, parió a finales de marzo un híbrido de cniza de caña y gato. porque al final de cuentas, entre que sí y entre que no, mi gatita negra se quedó a la mitad de su metamorfosis, inspirada seguramente por los axolotes de la zona. por eso gatizne a veces se vuelve humo que se disuelve al contacto y otras sólo se me unta suave y tibia. y también por eso ni maúlla, sólo abre su boquita minúscula, puja muy poco para no deshacerse y lo que sale es más como una burbuja de jabón que como un maullido. ¡plup! revienta en mi cara y cruzamos el apatlaco. a punta de caricias y rasguños hemos llegado a jojutla.