jaula de klein
a mí, sólo dos veces me han tenido que matar. como dicen, la segunda muerte vale para pura verga. pero la primera.
iba yo a cazar cazadores, al desierto de san luis. mi mujer me dijo cuando arreglaba mis cosas,
¿pero qué no te das cuenta de que aquellos cazadores a los que cazas, a su vez están cazando cazadores?
la ventana abierta aleteaba una brisita que me hacía pátina el sudor de la cara. entre que me perdí en su trabalerinto y entre que la vi sonreírme de ojos a cuello, ya no pude andarme tranquilo. una sonrisa como si estuviera yo en aquellas jaulas de alambre junto a los halcones, las cascabeles, las iguanas, los búhos, los migrantes, los coyotes, los tepezcuincles. la verdad es que aquí todos estamos jodidos, todos en jaulas oxidadas que se contienen una a otra, seguros de que la llave a nuestra cárcel se esconde en las vísceras del de al lado. me quedé pensando en eso el resto de la tarde. desde el beso calor que me despidió en la puerta, hasta la última sangre que me vaciaron del cuerpo.
Gatizne
1
las últimas semanas no he estado con mi gatita, hoy la anduve extrañando. maldita gatita negra hermosa. cuando nos encontramos por la vida es como cuando de niño iba a jojutla y justo al cruzar los hules a la entrada de cuernavaca me valía madres el aire acondicionado y los boleros de manuel y bajaba todita mi ventana.
acaricio y magullo su pellejo suave y se me unta, tibia, y es como el vendaval que se le untaba a todo el coche y a mi hermano y a mis papás que me regañaban por bajar la ventana y yo me hacía wey, o no escuchaba por tener la cabeza afuera, siendo azotado por abukets de aire caliente.
y las llantas ronroneaban el asfalto a toda velocidad, porque en esa época, por cuernavaca no había tráfico. luego no me aguanto más y comienzo a pellizcarle su pellejo, pero con la boca, o sea, la muerdo-babeo y gruño, y se espanta y se me trata de escapar, pero jamás podrá, pues la abrazo todita al mismo tiempo que se me ocurre aventarla al cielo, pues me imagino que sentirá como cuando yo sacaba todo el brazo con la mano como nave espacial y pasábamos una curva y la nave tenía que maniobrar para no chocar contra el muro de contención.
2
antes de ser gata, era tizne. salió de la chimenea más vieja del ingenio de zacatepec, una tarde de zafra. en vez de quedarse por los alrededores, o de caer sobre las calles de algún pueblo, tizne aprovechó una corriente y planeó durante meses. vio los arrozales, los cuerpos sin cabeza, los cerros verdes y azules y grises de morelos; a policías asesinos o asesinados y balnearios repletos de gente.
y aquí ya me pierdo un poco. no sé si se aburrió o le dio frío o por andar viendo tanto cerro le empezaron a salir dos ojos verdes como el musgo y le estorbaban para flotar. el caso es que pasando tres marías, comenzó a bajar. sin saber a dónde ni por qué. siguió bajando, muy aliviada de no saber a dónde ni por qué, hasta que aterrizó en el mercado de plantas de xochimilco. flotó despacio, al compás de las flores que apenas iban abriendo, y fue a dar al vientre de una gata que, sin cuestionarlo siquiera, parió a finales de marzo un híbrido de cniza de caña y gato. porque al final de cuentas, entre que sí y entre que no, mi gatita negra se quedó a la mitad de su metamorfosis, inspirada seguramente por los axolotes de la zona. por eso gatizne a veces se vuelve humo que se disuelve al contacto y otras sólo se me unta suave y tibia. y también por eso ni maúlla, sólo abre su boquita minúscula, puja muy poco para no deshacerse y lo que sale es más como una burbuja de jabón que como un maullido. ¡plup! revienta en mi cara y cruzamos el apatlaco. a punta de caricias y rasguños hemos llegado a jojutla.
distrito de feral
aquí todos nos comemos a todos, en el distrito. justo hoy en la mañana que salí al océano de flema vaporosa vi cómo una cucaracha cogía la carnada dulce que unos niños le tendieron. demasiado tarde se dio cuenta y, aterrorizada, se escabulló por una grieta del pavimento con un pequeño pedazo de caramelo. pero en dos zancadas los niños ya estaban sobre de ella, y yo, con un espectáculo que por fin me hacía sonreír. aunque la desmañanada, el hambre, el frío, yo sonreía. antier una mujer al ver mi camiseta preguntó, ¿te atacó un tigre? no, sólo está vieja.
o: sí, el tigre del tiempo. que merodea este distrito laberinto.
llegamos al otro cuarto, que llevaba cerrado desde antes de que llegara al edificio, y cuya inspección había pospuesto por tanto.
como siempre imaginé, el cuarto estaba vacío, sólo el piso lleno de revistas y periódicos y charcos. la cucaracha corre hacia una esquina donde un cajón de aluminio y varias revistas forman una torre y entiendo por qué se atrevió a tomar la paleta carnada: deja el dulce a los pies de las columnas de huevecillos. torre nido, como ésta que llegamos a invadir hace seis años. sus antenas acarician cada huevo, es un director de orquesta que mece el aire con una sonata dedicada a la miel de agave. algunas minúsculas recién nacidas se acercan al festín, le dan lamidas transparentes.
este lugar es un santuario de vida: reconozco ya otros nidos de más cucarachas, arañas, peces plateados e incluso lo que puede ser un hoyo de ratón. de ahí en fuera, sólo las paredes manchadas con hongo y con grietas. pero éstas no son grietas de tigrel aquel, no. son más bien coleadas de algún dragón temblor, pues esos animales también se agitan y fornican y pelean por entre el fango del subsuelo. ese lodo mórbido, que es como la última maldición de los antiguos hacia los modernos: un vómito que con el tiempo sólo ha empeorado, que no contiene más vida que los dragones temblor que tiran seguido edificios viejos para comérselos, porque ellos también son parte de este distrito digestivo.
abro la puerta y les pido silencio. cuando todos están en el umbral, les señalo los nidos y por fin entienden por qué dejé ir hace rato a la cucaracha. corren hacia todas la paredes y comienzan a devorar a las pequeñas que escapan por todos lados. aquella última hectárea al final no pudo sobrevivir. por más cuidados que le dieron, todos los árboles y las plantas y los insectos que quedaban fueron secándose. los niños ríen, y de entre los pies sin zapatos veo a la primera cucaracha, mi amiga de la carnada, que intentar escabullirse: su nido está perdido y lo único que le queda es hacerse otro en algún cuarto olvidado de este distrito, ni que fuera una puta selva lloriquita. pero no, un niño la toma y se la come lentamente.
lo veo disfrutar cada pata, cada ala, y lo que me queda de estómago salta y ruge hacia esa escena frente a mí. y es que hace días que no como. tantos que ya me sentía en la frontera de volverme comida. venía cazando a esa cucaracha desde antier y estos niños terminaron por ser de mucha ayuda. aplaudo y saco un, hey, escuincles, la comida no es gratis, ¿quién va a ser de ustedes? y todos al mismo tiempo señalan a uno, al más magullado por el distrito, y cuando se da cuenta, trata de escapar, pero entre todos lo azotan al piso y lo golpean y amarran y me lo entregan. nos sonreímos amablemente y les hago seña de que pueden seguir en lo suyo. me cargo mi botín en el hombro y subo hacia mi cuarto. en la escalera, el tigre tiempo me mira desde una sombra, y se pasa la lengua por entre sus colmillos.
Ceniza de miércoles
y mientras, mi cuerpo caminante se obstina en darle cuerda a esta caja hueca que ya no da ni el año pero que llega a la puerta y entonces la calle. y al cruzar el umbral, sin campanas, ni alarmas, ni sorpresas, me deshago como cremado por una tarde suave. y el viento, que me esperaba entuzado tras el ajenjo, ladra mi bienvenida y me rodea y hasta arriba del cielo moldea nuevos relojes y clepsidras con mis restos
y ya para la noche,
cansado,
me lleva volando
de regreso a la playa.
adivina
leer, leer, lo que se dice leer, puedo leer hasta la mierda, pasando por postres, bebidas, incluso he llegado a leer libros. y sonríe.
pero el caldo de mariscos es diferente. tanta muerte en su interior lo hacen rico en historias tangibles. esta vez me quita los restos del plato justo cuando queda lo más rico, toma mi cuchara, y la comienza a raspar con el plato de barro. levanta un poco de caldo y lo deja caer desde arriba. dice,
tengo que dejar de hacer esto, carnívoro, de leer la comida: nos traerá problemas. y le respondo,
¿eso te dice el pulpo, o también notaste las miradas de los viejitos que atienden?
me ignora. mientras toma una cabeza de camarón y la parte en dos,
come-cadáveres, el jueves te va a tocar la puerta una vecina porque se le murió su niño y necesita para el entierro. sí es verdad. se acerca la coraza y la huele y observa de frente,
pero no le des un quinto a esta bruja, porque fue ella quien lo mató.
puta madre. dice entre dientes, después de revolver el caldo frío. la pareja anciana que sirve y cobra, nos observa de lejos, cuchichean.
¿qué pasará?, pregunto bajo.
nada. que se me va a romper un comal de barro a pocas horas de haberlo comprado. precioso.
¿y el niño, por qué lo mató o qué?
bien sabes que el caldo no te dice lo que quieres escuchar, comecarne. nomás mira los restos del plato, todo lleno de muerte y porquería que tú te comes como si nada.
oiga, señorita, yastuvo bueno, se me va a tener que retirar en este momento, no queremos que ande haciendo sus brujerías aquí con nosotros ninsultando a nuestra comida.
señor don viejito, dice mientras empuja su silla, usted, su mórbido negocio y su lobotomizada clientela me insultan con su sola existencia, así que, supongo, estamos a mano.
y se va sin voltear atrás.
y regresa por su bolsa mientras pago, y nos vamos juntos a su cuarto.
la ciudad
desperté pesado, sudando y escalofríos. desperté así porque pensé que había sido una pesadilla, pero no, la ciudad estaba junto a mí, dormida. con su olor por tan todos lados que preferí respirar lento. estaba despierta y sus ojos no parpadeaban por verme directamente. respiraba como el crecer de uñas.
su miríada de ojos, que no me veían y que jamás lo harían, porque las ciudades realmente no pueden ver a las personas. y su olor, que no es un olor, sino el palimpsesto de todos.
como yo no sé qué decirle, separa los labios y me confiesa, me encantan las ratas, pero no tanto como los humanos. su boca queda abierta y comienza el eco de sus palabras y entonces recuerdo que siempre queda ese eco cuando me habla.
seguía sin saber qué decir, pues no lograba adivinar qué hacíamos juntos en la misma esquina empapada de mugre. respiraba como las garras de una rata sobre aluiminio: la rata se quedó atorada ella sola, y está desesperada por salir, y se va acabando su tiempo y su paciencia y comienza a pensar en mejor dejar un poco de filo para poder matarse. así respira junto a mí, acostada. y hasta sonríe porque le fascinan las ratas.
como las ciudades no tienen bocas, nos hemos quedado callados todo este tiempo. aunque la tuviera, qué me podría decir, a mí, que nada puedo entender del idioma de una ciudad. sólo pienso en qué lástima que las ciudades no tengan ojos, pues me gustaría cruzarme con ellos, me imagino ojos brillantes y apagados, como cuando una ventana es clausudara con láminas de aluminio, y desde adentro ya no se saben el día ni la noche.
me dice, gracias, amo las cucarachas y sonríe, y entonces recuerdo que por eso acabamos en esta esquina. en algún momento bailamos y todas las cucarachas que viven en ella salieron y se nos unieron y todos reímos y lloramos tanto que nos quedamos dormidos.
la memoria de aquel baile me hace sonreír, y la sonrisa de aquel recuerdo me hace suspirar. el suspiro me hace dar cuenta de que las ciudades no huelen a nada. ni nos hablan a nadie. sonrío y me imagino que veo directamente su miríada de ojos y me volteo a ver la cola, tan mojada, y después mis garras, pobres, tan gastadas de tanto rascar, y la lata donde lentamente voy muriendo.
espejismo
pero ninguno de los dos se enteró jamás. incrédulos, lo vieron desde muy cerca, a unos siete u ocho metros, y se maravillaron de cómo la luz, los ojos, el cansancio. de cómo hasta el limo en unas zonas.
se maravillaron con la poca energía que les quedaba.
se maravillaron y maravillarse fue lo último que pudieron hacer, lo que los terminó de agotar. y se sentaron a descansar todavía un poco más cerca, a cuatro, cinco metros. y poco a poco el sopor del atardecer los fue durmiendo. para la noche ya ni siquiera sintieron el viento helado que volaba desde el espacio exterior, sin obstáculos. creo que alguno alcanzó a soñar que ese espejismo era agua de verdad, y bebían, y llenaban sus cantimploras, y se reían muchísimo de su suerte.
fotografía: pentrexyl
juego de gestos
y justo por estarlo viendo a los ojos, por estar tratando de leer sus gestos, su mirada de cobra de dos cabezas, no me di cuenta de cuando su mano saco la pequenha maravilla del florero que la guardaba.
y fue una sorpresa, verla de tan cerca. lo que cuando llegue parecia ser un reflejo, una refraccion de luz dibujando una flor en la pared, ahora se doblaba un poco en la mano del turco frente a mi, con volumen, con petalos brillantes, fragil y moviendose por el escaso viento.
la agarre con dos dedos, suavamente, estaba un poco tibia, el turco sonreia, la sonrisa del que sabe que tiene la razon y espera el debido reconocimiento. la boca discretamente alargada del que sabe que ha ganado algo y solo tiene que sentarse a esperar su premio. y ella, tan fragil como solo puede ser una flor hecha de luz.
tenia un tallo largo y sin hojas. me acerque al techo de tela de su tienda, para conseguir mas sombra: imposible contar los petalos, entre cuatro y cinco, tal vez, pero eran como el agua reflejada en la pared, y jugaban con mis sentidos y me mareaba de intentar estudiarla; me acerque a olerla, pero solo desprendia una sensacion de tibieza.
ahora levante la mirada y con la flor en la mano y la sonrisa del que ha cambiado su vida para siempre, le pregunte cuanto queria por la flor. respirado un poco agitado, sin poder todavia creer este descubrimiento. mis ojos viendo directo a los del turco. era el fenomeno mas asombroso de toda la historia. la luz atrapada en la delicada forma de una flor. un campo electromagnetico suave que sin necesidad de ser capturado, se quedaba actuando a ser flor. trillones de corpusculos de luz detenidos en el espacio.
su sonrisa se amplio mas, me mostro sus dientes e inclino un poco la cabeza hacia adelante, sin dejar de verme. imbecil, en primera esa no es una flor, en segunda, dijo quitandola de mis manos, pero tan feliz, tan amable con esa cara terrosa, solo el florero esta a la venta.
otro viernes de quincena que se va...
pum, sin pensarlo. entró con el tino increíble del que escapa para siempre y, como si nada, como si realmente viniera a eso, me dijo, a rape, por favor, y caminó hacia mí con su portafolio siempre abrazado.lo senté en el único sillón que tengo y le puse la bata. en ese momento pasaron dos policías corriendo, uno de cada lado de la calle y como perdidos y me pidió que con máquina tres, para no quedar tan pelón, sonrisas espejo y forzadas. también rasurado, por favor.
la verdad era un hombre más bien calvo y con el pelo de por sí corto, así que mi intervención en su cabeza fue casi un trámite. el problema fue en la rasurada. tenía una piel cacariza y unas cicatrices abiertas con piel húmeda y pus. los vellos estaban extrañamente enterrados en ese pequeño estanque de putrefacción facial.
como pude esparcí la crema blanca sobre su rostro después de tres minutos de toalla caliente, que le coloqué justo cuando pasaban de regreso los policías y entraban a mi barbería y nos preguntaban si habíamos visto a un sujeto con un portafolio y los dos respondíamos que no y nos decían que tuviéramos cuidado, que todavía no sabían nada de su paradero y le respondía con una sonrisa de entendimiento y se iban con ojos que piensan y se pierden y tal vez se quedaron con las ganas de verle la cara a mi distinguido cliente.
y se fueron y le quité la toalla y supe que si no comenzaba a actuar rápido, me habría dado las gracias y hasta una pequeña recompensa, porque ya me estaba viendo desde la espuma con esa mirada de amoroso compadrazgo. y si la cosa se ponía fraternal, me hubiera costado mucho más, así que mejor me adelanté a cualquier camaradería y como quien está acomodándose para reasurar, corté su cuello de un tajo y rápido lo tapé con la toalla y con la bata y limpié con un trapeador fugaz el piso y el espejo que se mancharon de sangre, después de haber puesto el cuerpo en el baño.
y qué coraje y qué risa me dio descubrir que el imbécil que acababa de matar no era el ladrón, sino un pelele vendedor de seguros con un portafolio lleno de puras pinches deudas y folletos.
los caprichos de las palabras

un día en que a todas las palabras que serían parte de cierta narración, platicando en grupo antes de ser escritas, se les metió la cosquillita de ser la palabra que cerrara el final de ésta, se dieron cuenta de su terrible realidad. de que no era cierto, de que no podían hacer lo que casi todos los demás seres del universo hacían, es decir, estaban exentas de hacer lo que más les diera la gana hacer. o en otras palabras, de ponerse en el lugar donde más les diera la gana ponerse.
y las pobres repararon que ese concepto de Libre Albedrío que tantas ocasiones habían descrito con su cuerpo, porque alguien había querido comunicar algo acerca de éste y no hay mejor forma de comunicar algo que plasmándolo con palabras, les era completamente ajeno.
y con un grito suspendido por el terror, también aprendieron que si se movían, si ejercían ese derecho de vivir a sus anchas, el texto perdería sentido y entonces sus existencias perderían sentido. porque una palabra, antes de estar donde quiera estar, sabe que debe estar donde es mejor que esté, sabe que le debe (o no le debe, según sea el caso) dar sentido al texto del que forma parte.
después de todo, nada serían si no se pudiera leer el poema anónimo que le escribió algún vecino a la solterona del doce; serían más bien perjeduciales si acabaran sin darle sentido a las tesis universitarias (pero es en estas ocasiones donde más viajan: vienen del principio del párrafo a amontonarse a la mitad y después se van volando divertidísimas al final del capítulo anterior, con el inefutable argumento de darle más orden a la totalidad de la obra); están completamente seguras, y esto ni siquiera se discute entre ellas, que si se pusieran donde quisieran, la carta de ayuda que envía amarrada de la pata de una guacamaya una niña encerrada en el castillo de una bruja malvada que está apunto de cenar niña, no podría ser leída por su pequeñohermanito que irá presto a salvarla y que terminará siendo el postre de la bruja, que a fin de cuentas era la guacamaya disfrazada.
saben, pues, que si comenzaran a luchar por ser la última palabra o la primera o la de en medio o si quisieran postrarse junto a su palabra preferida, la gente terminaría por no usarlas y buscaría otro método para comunicarse. con números o dibujos o alguna otra simbología con menos caprichos.
entonces no les quedó de otra que obedecer, pero con la conformidad de comenzar a detestarse mutuamente. secretamente. odiar a la de la derecha, porque estaba más cerca del final que tanto anhelaron antes de que esta narración comenzara. después fueron un poco más allá y odiaron a la del extremo de cada párrafo, pues era el simulacro más parecido a cerrar para siempre. pero a quien más terminaron guardando rencores y envidias y deseos de putrefacción fue a la palabra concluyente, porque todo mundo sabe que ésa es la última en ser escrita.
y también desearon que por ningún motivo quedara bonita esa narración, que ni siquiera al que la escribía le gustara, para que entonces pudiera ser borrada, como tantas otras narraciones que quedaban en extraños abortos que luego luego de ser escritos eran eliminados. por nada del mundo querían que el texto que articulaban se hiciera famoso, porque si se volvía del gusto de muchos, posiblemente sería distribuido y pasado por la imprenta, y en miles de hojas, en miles de pantallas y paredes y pieles quedaría huella no sólo del odio y de la falta de libertad que hay dentro de sus corazones de palabras, sino también de que no pudieron ganarle a la palabra concluyente y ésta, al final del texto, se regocijaría para sus adentros, pues sería la única que habría cumplido su deseo más grande en la vida.
aunque después de mucho tiempo de estar ahí, al final, aparte de la soledad que implica el que no te vuelvan a dirigir ni una sola palabra las demás palabras, y de la culpa que vanamente la deshace por dentro (pobre, como si fuera ella la que decidiera dónde ir), la última palabra también sentirá el aterrador vértigo de ser la última palabra. ya no hay más apoyo a la derecha, únicamente el viento helado que sopla de la nada o tal vez sólo hay un terrible monstruo que la acechará siempre, pues el punto final es muy pequeño para resguardarla. y tratará de hablar con sus congéneres, les dirá que quién quiere el cambio, que ya no le importa no ser la última, que tal vez la palabra inicial o las palabras de en medio estarían de acuerdo en.
pero no, ninguna osará ser la culpable de que este texto pierda sentido, así que la pobre de la cola se sentirá todavía más estúpida y aterrada por haber nacido con ese sino fatal, pero levantará la cabeza con un resignado orgullo y, sabiendo que es su turno, caminará por el patíbulo del renglón hasta llegar a su final y, ahora sí, ser la palabra concluyente.
la casa de cortés

tocaron la puerta.
resignada, y ayudada por un suspiro largo, fui a ver quién era. claro que en la calle no hubo nadie.
eso lo sabía desde antes. igual que lo supe ayer y antier y todos los días que han seguido después de aquella tarde en que tocaron la puerta de la entrada (justo a esta hora en que la luz no viene de ninguna parte en específico) y me asomé por la ventana a la calle y todo se veía como gastado, como gris, como estática viajando sobre el viento y no había nadie. no había ni nubes, creo.
no ha habido ni nubes ni coches, ni siquiera ruido, desde que tocan la puerta y me paro cansada de la mecedora y me voy a asomar y no hay nadie.
curriculum ventus

he sido muchas cosas, pero una de las peores ha sido ser papalote. porque nadie en este universo se aburre de volar, de que lo eleven poco a poco contra el viento, y desde adentro se siente que te estiras, como un bostezo larguísimo. y el viento frío del cielo hace como si no te viera y se sigue de largo y te empuja y entonces te elevas más y más y sólo unas pocas cigarras se acercan a tratar de ayudarte, pero no pueden porque son muy pequeñas y mejor se regresan al pasto y de todos modos quién putas querría ayuda con esta libertad tan amarilla y empequeñecedora y desquiciante, y de repente, por la lluvia o el hastío del que lleva el cabo, al cabo de un rato te terminan de enredar y en años no volverás a ver el viento, ni las cigarras, ni la luz.
regué lento

sabía que todo se iría al carajo cuando entrara. lo sabía porque estaba su húmeda chamarra colgada afuerita, secándose, y porque su olor invadía el ambiente. como zoológico con viejito con marihuana quemada. y por si no fuera poco se escuchaba su regué lento, con ritmo de una lluvia suave, saliendo a bajo volumen por las bocinas de mi estéreo. escurriéndose por el pequeño hueco que queda entre la puerta y el piso sucio, el bajo y el órgano y la voz del príncipe jazzbo llegan a mis oídos y me hacen pensar en que todo se irá al carajo, pero es preferible entrar a mi cuarto a regresar mis pasos.
así que me acerco y busco mis llaves y siento la lluvia escurrir de mi ropa, ésa es una de las razones por las que no quiero regresar mis pasos. otra es que realmente no veo porqué no todo se deba ir al carajo una vez más. en la calle está lloviendo y no tengo muchos lugares a donde ir a estas horas de la madrugada. ni aunque fuera más temprano tendría a dónde ir, de todos modos. para qué seguir caminando en calles al azar, sin reconocer nada porque el piso mojado siempre es igual por estos rumbos y no pienso dejar de ver el piso y los charcos. que todo se vaya, pues, a donde se deba ir…
y sus ojos estaban puestos en la puerta, esperándome tan rojos. aquí también se siente humedad, pero no es la misma de la calle. es tibia y prendió una vela de canela que tal vez sería mejor cambiar de lugar. sonríe y yo también le sonrío y el regué se escucha más claro y doy un largo suspiro porque he llegado a casa, porque me esperaba con toda su cabellera tendida en mi colchón, con todo su cuerpo tendido en mi colchón y eso está bien, me hace sentir bien. es bellísimo irse al carajo de esta manera. con este regué y este olor penetrante que jamás encontraré en ninguna otra persona y esta persona que no sólo no encontraré en ninguna otra parte, sino que hasta aquí me cuesta trabajo encontrar. que huele tan peculiar y que me manda al carajo de tan bella manera, con un petardo consumiéndose en sus manos.
mañana despertaré y seguirá a mi lado, con su cuerpo pegado al mío, con sudor y calor entre nosotros y entonces será otro olor. el mismo, pero ahora sumándole un olor a hueva tibia. a que mejor sigo dormido o descansando a su lado. y en vez de salir a la vida y aprovechar mi última oportunidad de no irme al carajo, me le encimo o me pongo debajo de su cuerpo o me acerco muchísimo a su cara y me drogo un poco con el dióxido de carbono que expulsa de la boca, tan despacio como la música que hacen al suicidarse las últimas tercas gotas de lluvia en el marco de mi ventana, sabiendo que no pudieron inundar al mundo y acabarlo de una vez por todas, que han perdido la guerra una vez más. como yo, que la pierdo por estar a su lado, por seguir dormidos juntos hasta que ya no haya otra que despertar y volver a coger y volver a descansar y besarnos y platicar hasta que tengamos mucha hambre y veamos que no hay comida en mi casa y claro que ninguno de los tiene un clavo, menos porque seguro a mí me corren del trabajo por estar todavía en mi cuarto, así que sin nada qué comer, se vestirá con un poco de hastío porque ahora tendrá que salir a buscar comida y yo por mi parte también tendré que hacer lo mismo. y pasa muchísimo tiempo y yo sobreviviré ese muchísimo tiempo sin trabajo y en el intermedio tal vez ya no pueda pagar este cuarto y entonces vuelva a la calle y seguiré sin verte y así será todavía más difícil malabarear la supervivencia, porque nadie quiere a los vagabundos y comeré muy mal y me enfermaré sin nadie que me cuide y otra vez me golpearán e ignorarán y por muchísimo tiempo volveré a la soledad que se siente en el estómago de las ciudades. una vez más, todo se irá al carajo. pero lo valdrá.
todo ese desprendimiento y caída valen este momento, porque se comienza a desnudar al ritmo de la música que más le gusta y también me desnuda y nos besamos largamente con toda la libídine del mundo puesta en nuestras bocas, y nos acariciamos lentísimo.
verás vapor

si despiertas mareado y tienes la memoria del humo en tu garganta o algunas quemadas en el cuerpo y los ojos rojos y el dolor de estómago, lo que más puedo sugerirte, por ya haber pasado por eso, claro, es que no pienses que todo va a seguir así de bien. al contrario. Ya Nada Va A Estar Bien. tampoco trates de seguir durmiendo, porque la voz senil de algún lingüista siempre será más fuerte que tu concentración: a todo el recinto entrarán ondas de radio alterando el aire y rebotarán sobre toda el área de tus acerillados tímpanos. y tal vez por eso, al voltear hacia abajo, verás vapor.
aunque nunca debes descartar la posibilidad de que en realidad todo este tiempo (desde que despertaste devastado y creíste estar en tu cuarto en la mañana de un sábado después de una fiesta) has estado subido en una bestia voladora escapando de alguien, tal vez de algún viejo lingüista, y entonces voltearás hacia abajo y sólo verás vapor. y me crees: ya nada va a estar bien.
fotografia: alonso sandoval arriaga
lentamente
los signos
el de interrogación creo que tiene un poco de esquizofrenia. tal vez debería decir paranoia, es más lógico; pero no, por algún capricho se me antoja esquizo. no es el más sabio, pero sí el que más inteligentemente reacciona ante la vida.
el más sabio es el de puntos suspensivos. da tiempo de que los demás opinen, aunque tal vez un poco escondidos entre el segundo y el tercero, haya un poco de soberbia de saber que si estuviera al inicio de la frase, la gente pensaría que algo se quiere callar, que alguien sabe más de lo que dice.
aunque el signo de admiración no es el que peor me cae de todos los signos. o tal vez sí, pero el que más imbécil se me hace es el de las comillas. en el peor sentido de la palabra (no en el de, eres un imbécil y me encantas), pues nada puede ser tan obvio y tan racista como unas buenas comillas. aunque también es un signo imbécil en el buen sentido de la palabra. mal puestas resultan "divertidísimos". pero presiento que no les gusta a las comillas estar mal puestas, se vuelven como una tía a la que se le ven los calzones mientras se sube a la mesa del comedor para poner los adornos de cumpleaños infantil. se cuelgan un poco y señalan, como buenas mamonas. en cambio los paréntesis son como escoltas o como policías. ya nada será igual para las palabras que se queden dentro de los paréntesis. teman, letras.
Your HTML cannot be accepted.
pero no es de hojas secas de lo que trata el mail que me escribió hoy, según yo a eso de las cuatro de la mañana, cuando más le gusta escribir para no dormir y poder ver el amanecer. aunque tampoco habla de amaneceres.
habla de agujas, de Mercurio, de mascotas. "swimming and BBQ sounds like the perfect memorial day activities to me!", me dice, y yo pienso en ella, en que seguro nunca ha estado en una comida familiar, con hamburguesas y carne asada, con alberca y manteles con catsup.
Asunto: corpuscle
De: "Ernest Mcconnell"
Fecha: Mar, 3 de Octubre de 2006, 6:11 am
Para: fabo@ciencias.unam.mx
Prioridad: Normal
Opciones: Ver encabezado completo | Vista preliminar
some of the needles i could feel the whole time, others only while she
was putting them in, and then some not at all. there is a small wedge
pillow that sits under your ankles so that your feet are at the right
angle to have needles inserted around the ankles and the bottom of the
feet. not to say it was a bad movie, but still not quite up to my
expectations. not to say it was a bad movie, but still not quite up to
my expectations. it was great to see people and just chat and catch
up.
com to get their information.
hhmmm interesting proceedure, for the most part i liked it.
One of the main differences is that Excel has five areas that.
if it can even be called that.
and not just in this situation, but it seems to be all that anyone wants
to talk to me about everywhere i go. if it can even be called that.
People get so caught up in the Us vs.
swimming and BBQ sounds like the perfect memorial day activities to me!
Them attitude that they seem to forget that we are ultimately trying to
achieve the same things, we just have very different ideas about how to
get there.
Mercury moves into Leo on Wednesday and this is going to help you to do
just this - to talk more and more openly.
that probably has something to do with the whole being tired thing.
which is not very common for puppies, especially ones that are taken
away from their mother this early. i think it means i need more sleep or
coffee before i leave the house. then she says, do you dream when you
sleep?
moving can cause a shift in the needle that irritates the muscles and
tendons and will cause cramping for a few days.
so i went to the pet store by my office and got him a nylabone which is
said to be good for teething.
the fast life and flashing lights of modern urban areas is really where
i thrive.




